Lady Trenda descansaba en la reconfortante calidez de sus cámaras privadas. Las tupidas cortinas color púrpura no dejaban pasar ni una gota de luz. No era extraño pues, que la oscuridad se derramara por la estancia jugando con sus delicados rasgos. Despertaba encendidas pasiones allá donde se dignaba a ser vista. No obstante, una larga fila de detractores se agolpaban a sus espaldas, buscando el mínimo resquicio para hacerla caer de su privilegiada posición. Curiosamente las “ilustres figuras de gran hermosura” como a ella les gustaba llamarles, y no precisamente por su belleza, rechinaban los dientes día tras día por su osadía y por el hecho de ser la única mujer del reino que ostentaba el cargo de Lord. Muchos nobles varones eran señores de sus respectivas Casas, y sus hijas jugaban un papel muy destacado en la diplomacia de las relaciones entre familias, forjando y deshaciendo alianzas, pero a ninguna se le había siquiera pasado por la cabeza autoproclamarse dueña y señora de su casa. A la muerte de su padre, que a ella le gustaba llamar asesinato, y razones no le faltaban para sospecharlo, las cartas guardadas con celo durante años de acciones encubiertas, llegaron a sus manos. Entre sus incontables embrollos se encontraba el último legado del antiguo Lord Sirclay. Tromer, su padre, había decidido valerse de la misma picardía y ganas de dar por culo que lo caracterizaron en vida, pasándose por el forro de los cojones el derecho de sucesión masculino. En su testamento concedía su hija el castillo de Sagres y todo su servicio, las ricas tierras de la Casa Sirclay, el título de Lord bajo la condición textual: “ ….cuando estos hijos de puta hagan rodar mi cabeza…. ”, lo cual ya hacía adivinar por donde andaba encaminado su noble padre, y, por último, sus intocables cimitarras de oscurita. Ya desde pequeña, foco de la atención que caracteriza a una hija única, asistía absolutamente fascinada, a los relatos que habían propiciado el origen de los Sirclay, los cuales giraban en torno a esas enigmáticas cimitarras. Siempre había deseado poseerlas, aprender a manejarlas, sentir su fluctuante sonido al cortar el aire, pero rara era la ocasión en que estaban a la vista. Su presencia era salvaguardada por su padre con el celo con el que un ratón esconde su queso en el agujero. Ahora eran suyas, las acciones de su padre habían llegado demasiado lejos,…o se habían quedado demasiado cortas, según de donde se mirara. Debió ignorar los consejos de prudencia que arrojaba con temor su fiel consejero, el cual nunca llegó a comprender que en el espíritu de un Sirclay no había cabida para el perdón, la clemencia o la pena, uno debía actuar en consecuencia a sus ideales, a los principios que se inculcaban en esa casa, al margen de que la ley dictaminada por el rey o por el barbero de la esquina supusiera ir contra las normas.
Muchos sucesos se agolpaban en su mente, producto del loco transcurrir de los hechos en los días pasados. Confusos aunque escalofriantes rumores habían llegado hasta su persona a través de su consejero privado, uno nuevo por supuesto, del otro podía afirmarse que había sido destinado a un mejor uso…uno podía llegar a sorprenderse de la disposición a satisfacerla de ciertos animales de compañia. No valía la pena correr riesgos, no en los tiempos que corrían. El asesinato de su padre no era más que un añadido a una larga ristra de extraños acontecimientos que se venían sucediendo en los últimos días.
Sus oscuras pupilas se contrajeron, cuando la luz se coló en la ensombrecida estancia. La puerta se abrió y se cerró rápidamente. Una figura de mediana tamaño avanzó hacia el centro de la estancia, justo enfrente de ella, y dándole la espalda se agachó. Un débil chasquido fue seguido de una explosión de luz en su retina, cuando la viva luz de la llama alimentó el hueco de la chimenea.
-Ya está bien de tanta oscuridad-dijo un hombre con una barba bien definida que se enfrentaba a su escrutadora mirada-. Oscuros sucesos ensombrecen el reino, no hace falta que mi señora contribuya a promoverlos con su recluimiento-apuntó con una mueca burlona.
-Ohh, callaté-dijo Trenda sin apenas fuerza, cansada-. No estoy de humor para tus bromas Shia. Mi cabeza no para de dar vueltas, intento dar con el maldito bastardo que mató a mi padre. ¿Sabes algo al respecto?, ¿los hombres que envíe, qué novedades arrojan a este asunto?
-Me temo que mis noticias a ese respecto no llenarán sus oídos de gozo precisamente-dijo el consejero con una mueca, rebuscando algo entre sus ocultos bolsillos.
Como me temía-pensó agotada-. La verdad es que no me sorprende. La sombra de una columna de gran altura se cernía sobre Casa Sirclay amenazando con derrumbarse de un momento a otro, y parecía que ninguno de los incompetentes que la rodeaban podía hacer nada al respecto.
-Hibor se ha despertado esta mañana con la cabeza de uno de ellos en una taberna del barrio de ladrones. Me imagino que la suerte de los demás no habrá sido más bondadosa, pero se desconoce su paradero. No obstante, perdone mi osadía, pero me he tomado la libertad de secundar esta misión personalmente con mi presencia, pues temía el desenlace de esta escaramuza- afirmó sonriendo con travesura. La mueca que aparecía en su cara al reírse dibujaba una estampa atípica en su persona. Su semblante era duro como una piedra, curtido dios sabe en cuantas situaciones de dudoso desenlace. Sin embargo este cambio lo convertía en un niño inocente.Nada más lejos de la realidad se obligó a pensar. Corría peligro teniéndole cerca de ella, pero una mente tan afilada como la suya es justo lo que necesitaba en este momento.
-¿Podrías aclararme la naturaleza de ese temor?, ¿me estás diciendo que has enviado deliberadamente a mis hombres a morir, es eso?- espetó Trenda con fingida furia, siguiéndole el juego.
Una nueva mueca se adivinó en el rostro del maldito Shia.
-Me agrada como razona mi señora, está usted en lo cierto, pero ruego a su persona que me conceda la libertad de explicar mis acciones con detenimiento.
-Haz el favor de sentarte bastardo y acércame ese brebaje de pesadilla, quiero estar lo suficientemente borracha como para evitar matarte, sería un desperdicio- dijo ella, dejándose caer entre las ropas de su cama.
Shia se acercó a la cómoda.
- Se me ocurrió que sería interesante evaluar la lealtad de sus hombres.El único ruido aparte de su voz en la habitación era el crepitar de las llamas.- Este reino es muy pequeño, y no hay muchas Casas que realmente puedan permitirse el lujo de emprender acciones encubiertas contra vos. Ahora sí, muchas pequeñas ratas grises, estarían dispuestas, digamos a colaborar, por participar de un trozo del pastel. Hay mucho interes de por medio en este tipo de intrigas, y es importante que comprendáis que su forma de actuar no será previsible. Nunca deberéis esperar una afrenta directa. Jugarán al desgaste, picando aquí y allá, hasta que no sepas adonde agarrarte ni en quien confiar. Muchos mierdas venidos a más entran en este juego, todos quieren saborear tu carne, y vuestro deber es satisfacerlos, brindarles un banquete de ponzoña, que acaba de una vez y para siempre con sus aspiraciones. No se si me explico-aventuró el hombre acercándole la copa.
Trenda lo aceptó con una sonrisa. Se puso en pie y se acercó al fuego. Le gustaba sentir como se desentumecían sus huesos con el envolvente calor.
-Continúa-espetó secamente, mirando las caprichosas formas que adquiría el tronco al ser devorado por las llamas.
-Bien, siguiendo en esa línea, sospeché que no era de extrañar que nuestros hombres hubieran sido tentados. Es lo que haría yo si quisiera obtener información de primera mano. No tuve más que echar el anzuelo y esperar. Investigué sobre las incorporaciones más recientes a su servicio, unos veinte. Los reuní a todos con discreción y les alerté de la urgencia de indagar acerca de la muerte de su anterior amo. El sedal atado al anzuelo se tensó antes mis ojos, rápidamente tres voluntarios se adelantaron mostrando gran disposición. Les alenté afirmando que serían recompensados por su determinación y que sus acciones agradarían sobremanera a su señora.
Notó la presencia de Shia a sus espaldas, y no pudo reprimir un escalofrío, se acercó más al fuego, para contrarrestrar el efecto. No debia mostrar debilidad ante él. Predecía que era como un perro rabioso, en el momento que oliera en ella el aroma dulzón del miedo, se lanzaría a su cuello sin dudarlo.
-No puedo más que decir que envié a mis valientes muchachos a Hibor, no una sino tres veces. Puedo afirmar que resultaron finalmente tremendamente útiles- apuntó con una carcajada fría, vacía de todo timbre de alegría-. Y digo finalmente, por la simple razón de que la prueba que yo buscaba no salió de sus gargantas hasta que acabe con ellos.
Eys! xD wenas! ¿Dónde leo los primeros capítulos? Es que empezar por el 12 U.U...no quiero
ResponderEliminarEnga asias!
PD: soy Sandra, de clase xD
wola!! :) no me seas peerra, aqui empieza una rama argumental de cero, los primeros capitulos se estan reiventando, estoy haciendole un lavado de cara a la historia porque la empezé hace mucho, y ahi cosas qu no molan, en elñ libro hay varias tramas, y en el capitulo empieza con un nuevo personaje que es el que está en el blog, dos capítulos de Shia. un besito!! :)
ResponderEliminarxDDD okey, entonces, ~~ leeré tus capítulos próximos mientras "reinventas" los anteriores! xDD después de exámenes prometo ponerme al dia! bss!
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